Hay momentos que parecen pequeños cuando suceden, pero con el paso de los años uno descubre que fueron capaces de cambiar el rumbo de toda una vida. Para mí, ese momento llegó cuando tenía apenas ocho años.

A los 8 años gané un concurso en la escuela que me permitió ingresar a la Escuela Infantil de Iniciación Musical. Fui junto a mis padres convencido de que estudiaría acordeón, el instrumento que más me entusiasmaba en ese momento.

Sin embargo, durante la prueba ocurrió algo que cambiaría mi historia para siempre. El profesor de violín me escuchó atentamente, notó que tenía facilidad auditiva y les comentó a mis padres que, por mis condiciones, el violín podía abrirme muchas más posibilidades dentro del mundo de la música.

Yo había llegado con la ilusión de aprender acordeón, pero era apenas un niño. Confiando en la experiencia del profesor y en el apoyo de mis padres, acepté cambiar de instrumento. Sin saberlo, ese instante marcaría el comienzo de una relación que me acompañaría durante toda mi vida.

“Las oportunidades más importantes de nuestra vida muchas veces llegan disfrazadas de decisiones que nunca pensamos tomar.”

Durante cuatro años estudié en la Escuela Infantil de Iniciación Musical. Allí aprendí mucho más que técnica musical. Descubrí el valor de la disciplina, la perseverancia y la sensibilidad que solo la música es capaz de despertar.

Con el paso del tiempo comprendí que aquella recomendación del profesor no solo cambió el instrumento que iba a estudiar; cambió mi destino. Años después tuve la oportunidad de compartir esos recuerdos y muchas otras experiencias en una entrevista que me realizó Código News sobre cómo el violín marcó mi vida, donde relato con mayor profundidad el camino que recorrí desde aquellos primeros pasos hasta mi presente como violinista.

A los 12 años, por distintas circunstancias y porque en aquella época no era habitual que un adolescente tocara violín, tomé la difícil decisión de abandonar mis estudios musicales.

Pensé que esa etapa había terminado.

Guardé el violín y seguí adelante con mi vida convencido de que la música quedaría solamente como uno de los recuerdos más lindos de mi infancia.

Pero estaba equivocado.

Hay pasiones que nunca desaparecen. Permanecen en silencio durante años, esperando el momento justo para volver a hacerse presentes.

Y el violín, cuando menos lo esperaba, volvió a cruzarse en mi camino para recordarme que algunos sueños nunca dejan de vivir dentro de nosotros.

Esta historia continúa…

Este es solo el comienzo de un viaje que transformó mi vida. En los próximos capítulos compartiré cómo el violín regresó inesperadamente, las personas que marcaron ese camino y las experiencias que me hicieron comprender que la música no era simplemente una afición, sino una parte esencial de quien soy.

Porque, al final, entendí que el violín nunca fue solo un instrumento.

Fue el compañero que siempre encontró la manera de volver a mí.